
Aparecí solitaria en medio del océano. Era el único ser vivo del lugar, el azul del agua era tan brillante y hermoso que hacia que me sintiera inferior e insignificante. Nadaba y nadaba pugnando por encontrar a alguien que me explicara lo que estaba sucediendo en mi vida. El por que de sentirme de ese modo. En medio de la nada y no me hacia falta nada mas. Mi corazón latía con mas fuerza, los ojos me brillaban como la luna sobre el fondo negro, destacaban a kilómetros como cuando no se ve ninguna estrella. Estaba completamente feliz en mi nuevo lugar, no me preocupaba el tener que alimentarme, tampoco si el agua estaba demasiado salada como para quemarme los ojos ni si la cordura se me iría buceando. La presencia del mar me completaba, me hinchaba los pulmones brisa tras brisa, las olas me llevaban de paseo. Significaba mas que el hecho de estar allí por casualidad. El se encargaba de hacerme vivir de un modo nuevo, me despreocupaba de lo que pudiera haber cuando saliera de allí, me quitaba la curiosidad de sentir otra cosa. Miraba hacia arriba, el cielo era de un azul mas claro, pero igual de placentero. El sol lucia sus rayos con una seguridad jamas apreciada, las nubes tenían una textura mas espumosa y a lo lejos, en la orilla, había un escandaloso gentío ignorando las cosquillas que me regalaban las burbujillas. Solo yo sabia lo que ese paraíso significaba, y por supuesto, me daba igual si no existía otra cosa que no fuéramos el y yo.
Mi mar, se apodero de mi corazón, me arranco la monotonía de la ciudad, me invito a enamorarme.
Y ese mar eres tu, alucinantemente brillante y hermoso, lo único que hay a mi alrededor, la paz que me acompaña día tras día. Mi amor.
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