Andaba por el medio de la carretera, no me daba ningún miedo el hecho de que me pudiera atropellar un coche, una moto o lo que fuese que pasara por allí. Llovía y me sentía como un pájaro volando por el inmenso cielo nublado. Mis pies se congelaban al chafar los huecos del asfalto inundados de agua sucia, mi piel blanca se volvió negra a causa de la suciedad que me invadía. Otro día me hubiese puesto de mal humor. Pero esta tarde no... adoraba cuando el cielo se tornaba totalmente gris y espumoso.
Había echado de menos la sensación de las gotas de agua refrescante por mi rostro, pues era agosto. Me sentía completamente libre, sola, pero sin la terrible soledad.
Algo habitaba en mi pecho que me hacía volar a cada paso. Algo o alguien, dominaba los latidos de mi corazón para hacerme más feliz de lo que había sido el suspiro anterior.
Me sentía tan niña, dando brincos como en los juegos que me inventaba en antaño, con una sonrisa dibujada con permanente, pensando en nada, pensando en que vivía.
Me resbalaba en dos de cada tres pasos que avanzaba y reía como una idiota al imaginarme la cara que debería haber puesto. Llegué a casa, tras contemplar varias veces seguidas las montañas y la imagen borrosa que creaban las nubes arrojando agua.
Me miré al espejo, y me sentí hermosa. Me pregunté por qué, pues estaba como había estado siempre. Nada había cambiado en mí. Tenía el mismo rostro, los mismos ojos, el mismo pelo. El mismo cuerpo. Y me sentía infinitas veces mejor. Me desprendí de la ropa mojada, que ahora yacía encima de la silla y, desnuda, me quedé mirando a través de la ventana, por primera vez, pues nunca antes me había fijado en el perfecto relieve de las montañas, ni en lo mágico que es cuando el sol desaparece poco a poco, dando paso a la oscuridad de la noche. El mar, a lo lejos, parecía que me sonreía y tímidamente me invitaba a disfrutar del paisaje que nunca me había parado a mirar. Cerré los ojos, y una brisa intensa me hizo suspirar y pensar, que ahora le veía sentido a todas las cosas. Ahora sabía por qué todo era hermoso.
Porque TÚ formas parte de todo lo que existe, porque TÚ vives en mis pensamientos y, mire lo que mire, siempre te veré a ti.
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